Nord-Sud XXI
Organización no gubernamental de Derechos Humanos
Ginebra, Suiza


EJERCICIO DE LOS DERECHOS ECONOMICOS, SOCIALES Y CULTURALES

Exposición presentada por escrito por Nord-Sud XXI organizacion no gubernamental reconocida como entidad consultiva especial



1. Fue solamente hace un siglo que un medico austriaco, Albert Niemann, describió la manera de aislar uno de los 14 alcaloides de la hoja de coca, y lo bautizó "cocaina". Este alcaloide puede ser comparado a la teína del té o a la cafeína del café (para hacer un kilogramo de clorhidrato de cocaina, se necesita más de una tonelada de hojas de coca). Utilizada en un comienzo con fines medicinales (Freud estudió sus propiedades durante varios años, además de otros grandes médicos europeos que la utilizaron para tratar a los alcohólicos), su uso fue posteriormente orientado en los países occidentales a su utilización como droga de la cual los efectos dañinos son pasibles de la más legítima represión. Sin embargo, como en muchos otros casos, las
necesidades de estupefacientes que nacen en el mundo industrializado acarrean perversiones y una criminalidad de las cuales se quiere hacer pagar el precio a los pueblos del Tercer Mundo. La inscripción de la hoja de coca en la lista de estupefacientes (Convención de la ONU de 1961) ha originado la confusión entre consumidores de coca y drogadictos, productores de coca y narcotraficantes, coca y cocaína.

2. Los pueblos autóctonos de los Andes (Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador, norte de Chile y de Argentina) utilizaban hace milenios la hoja de coca por sus virtudes altamente nutritivas y curativas, probadas por investigaciones científicas recientes, pero nunca, y hasta ahora, ha sido consumida como una droga. Dentro de la cultura andina, la hoja de coca ha jugado siempre un rol muy importante a nivel espiritual, de la medicina y del intercambio.
Ella ayuda a luchar contra las difíciles condiciones climáticas por su aporte de proteínas y vitaminas, y también es un símbolo poderoso del vinculo del hombre con la madre tierra (pachamama). Cada civilización en efecto ha desarrollado sus propios intermediarios simbólicos (;como la viña en las culturas occidentales!)

3. La producción de coca, que siempre estuvo en equilibrio con las necesidades naturales de los indígenas, y ahora una de las pocas riquezas de la masa de los pequeños agricultores (en su mayor parte, antiguos trabajadores de minas ahora cerradas) ha aumentado estos últimos años
paralelamente a la demanda de droga en los Estados Unidos y Europa, bajo los auspicios de los grandes traficantes, quienes actúan la mayor parte del tiempo con la venia de los gobiernos. Es importante recalcar que las poblaciones campesinas locales se encuentran obligadas a producir para el narcotráfico dadas las circunstancias economicas extremadamente difíciles.

4. Los Estados Unidos, con el pretexto de la lucha contra las drogas, y en lugar de llevar esta lucha ccntra sus propios consumidores y traficantes, penalizan a los productores indígenas, criminalizándolos y preconizando la erradicación de los cultivos de coca con productos tóxicos que causan importantes daños al medio ambiente. Aprovechan también dichas acciones para
instalar sus bases militares en los paises productores, a fin de controlar, de modo disimulado, Las zonas "difíciles" y de conducir una supuesta lucha contra las guerrillas.

5. Por un lado se intenta prohibir la coca, pero por otro, los productos necesarios para la fabricación de la pasta básica no son prohibidos. Sin ellos, no es posible sintetizar la hoja de coca para hacer de ella una droga. En efecto, para producir 1.000 toneladas de pasta básica de cocaína, lo que representa la demanda mundial por año (800 toneladas de cocaína pura), son necesarios 3 millones de litros de queroseno, 5 millones de litros de ácido sulfúrico, 2,5 toneladas de cal viva, 496 toneladas de carburo, 2,5 toneladas de papel higiénico, 1 millon de litros de acetona o de tolueno y, finalmente, 1,25 millones de litros de cola.
Estos productos, extremadamente tóxicos, en los cuales maceran las hojas de coca, son utilizados y desechadus sin ninguna precaución en los rios y los suelos. La mayor parte de estos productos no se encuentran en América del Sur sino en los paises industrializados.

6. Nosotros proponernos apoyar y contribuir en la búsqueda de otras alternativas, respetando la realidad andina de la hoja de coca. Seria, en efecto, más justo y constructivo que los campesinos productores puedan, no solamente beneficiarse del aporte ancestral de su cultura, sino, igualmente sacar un provecho legal de la fabricación de numerosos productos naturales
fabricados a base de hoja de coca (té, tónicos, pasta dental, champú, productos dietéticos y productos de medicina natural, comprendida tambien la lucha contra los afectos de la toxicomanía). Esos dos derechos (derecho a la cultura y derecho a la explotación de los recursos naturales) son inscritos en el proyecto de la declaración de los derechos de los pueblos autóctonos.

7. En consecuencia pedimos:

    La revisión de la Convención Unica sobre Estupefacientes (1961), en su artículo que concierne a la hoja de coca, a fin de despenalizar la producción y la comercialización de los productos naturales derivados, para poner término al perjuicio hecho a los campesinos productores autóctonos y permitirles la exportación y la venta de estos productos a fin de que ellos puedan sacar un beneficio equitativo.

    El respeto del principio de no injerencia de parte de las Potencias para las cuales la lucha contra el tráfico de estupefacientes no es más que un pretexto para justificar intromisiones en los asuntos internos de los Estados.

    El desarrollo de la ayuda y de la cooperación multilateral con los pueblos autóctonos de los Andes para que ellos esten en la posibilidad de diversificar su producción.

Ginebra, 15 de julio de 1997
 

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